Cuando era chica iba con mi familia a la playa de La Caleta, en el centro mismo de mi ciudad. Vivíamos a unas manzanas de allí, así que íbamos andando, cargados con los tiestos y con sólo una camiseta encima del bañador. Eso sí, las chanclas de goma para andar por las rocas que no faltaran. No fuera a ser que nos hiciéramos una raja en la planta del pie buscando burgaíllos y cangrejos moros cuando la marea bajaba.
Era una época en la que el turismo brillaba por su ausencia, en la calle La Palma sólo se veían los pescaores vendiendo sus caballas acabaítas de pescar. Caballas caleteras, a cinco duros las grandes, a tres las chicas.
-Dame dos grandes, que las voy a hacer con fideos pa mañana (No estarán molías, ¿No?)
-Señora, que acabo de bajarme de la barca, todavía con el culo mojao... Si están molías mañana me buscas y te doy cuatro (Bendita chulería viñera).
-Maruja, vete subiendo con los niños y preparales el baño, que voy a tomarme unas chicas y enseguida subo.
-Juanito, que nos conocemos...
Ahora la calle La Palma está llena de mesas que sacan los bares a la calle a la fresquita, adentro no se puede estar, primero por la calor, segundo porque los bares de la viña estan pensados para tomarse una cervecita en la barra y poco más. Mejor fuera.
Yo había escuchado muchas veces a los mayores quejarse de que el turismo estaba en la costa del sol, que se estaban jartando de ganar dinero con los guiris, que si no fuera por el Levante, por el ayuntamiento, por no sé cuántos más culpables, la Tacita sería el paraíso del turismo, pero no.
Aquí no llegaban.
-Pues no se entiende, con el peaso de playa que tenemos, porque no me negarás que la victoria no es un peaso playa. Joer, que son más de siete kilómetros de playa de arena fina. Fina y blanca, que eso no lo hay en ningún lao. Por algo reza en la entrada de la ciudad un cartel gigantesco que reza "La mejor playa del sur".
Pero falta lo principal: Los guiris.
Para ser guiri hacen falta varios requisitos indispensables, a saber: Primero, principal e indispensable, tener un buen fajo, o como dicen aquí, la de Ubrique a rebosar. Segundo, la vestimenta. Hay que ir con una camiseta de esas de "Tol mundo no puede se de Cai, pisha" o "Cuando estuve en Cai me acordé de ti..." Eso si, dos tallas mas grandes o pa las guiris, dos tallas mas pequeñas. La segunda pieza de la vestimenta la compone el pantalón corto ( Bien agarrao por encima de la cintura con la correa, tipo lechuga, bien caídos por debajo de la cadera, enseñando hucha pa los tipos y bermuditas color rosa o amarillo pa las tipas). Prenda indispensable de este personaje son las sandalias de cuero del bueno, calcetines a media espinilla y gorro, cuanto más ridículo, mejor. ¿Esta gente no se mira al espejo? Deberían pedir consejo de estilismo antes de vestirse, pero bueno, si no, no serían guiris. La hechuría, así como la experiencia, es un grado.
Me acuerdo del carnaval sin guiris. Salías a la calle, preparada con tu bolsa de papelillos, serpentinas y tu pito de carnaval. A los niños se les daba el martillo de carnaval. Dichoso martillito que si topaba con tu cabeza por la parte blanda pitaba, pero ay de ti si el niño viraba la dirección, te encajaba el palo en to la cabeza con to sus ganas, dejándote un bollo que ni los del Riancho. (Mierdal niño).
Cada dos por tres te encontrabas comparsas, chirigotas, y demás fauna carnavalera cantando en los portales, en las esquinas, donde fuera.
-¡Vamo a entrá en este güichi que está lleno, cantamos dos o tres letrillas y seguro que alguien nos convía!
Ahora para escuchar una agrupación te tienes que ir a un restaurante y pagar una pasta. Eso si encuentras alguno que haya contratao, porque casi todas salen fuera. Antes se escuchaba ¡Esto es carnaval, esto es carnaval! Pero ahora "Esto no es carnaval", ni mucho menos. Lo han destrozao. Ahora es un mega-botellón con gente disfrazá. Nada más.
Ahora hay turismo, pero seguro que el gaditano echa de menos la época en que no lo había. Ahora hay guiris, pero no se puede tomar una cervecita tranquilo en ningun lado. Ahora hay veraneantes, pero no se puede encontrar un sitio bueno en la playa como no te vayas a las ocho de la mañana. Eso si, el coche te lo metes en los huevos, porque entre la zona azul y los de fuera, a ver donde aparcas. Mejor te vas andando.
El otro día fuí con mi gente a la plaza (Pa los de fuera, el mercado de abastos. De eso ya hablaré otro día) y después de darme un paseíto por los puestos y comprar algo de pescado nos metimos en un bar de una calle algo escondida. Hasta allí llegan, como las cucarachas. Por to los rincones, joer, que conocen Cai mejor que yo.
Pedimos unas cervecitas y unas tapas. Al lado unos guiris. Una de ellas se revuelve en su silla y me pregunta qué se pueden pedir de la lista que esté bueno. Ahí salió mi gaditanismo y le aconsejé que se pidieran unas tapas de cazón en adobo, unas papas aliñás y unas tortillitas de camarones (Gloria bendita).
Cuando llegó el camarero escuché la comanda... mejillones en escabeche y ensaladilla. ¡Qué cabrones!
domingo, 20 de julio de 2008
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