viernes, 27 de junio de 2008

Ya llegó el verano, ya llegó la fruta...

Ya está aqui. Con lo bien que yo estaba arrebujada en mi edredón, con mis calcetines de felpa, con mi pijama de tejido pirineo y mis zapatillas forradas de borreguillo.

Vivo en un lugar (según dicen algunos, capricho divino) donde el invierno es templado y el verano soportable. Aqui no nieva, no hay interminables jornadas de lluvia, no padecemos riadas, pasamos el invierno con un simple chaquetoncillo (Los hay noveleros que sacan los guantes, la bufanda y el gorro a la que el termómetro baja de los 12 grados, eso si).

Tampoco sufrimos un verano demasiado agobiante, aunque sí agotador. L a culpa la tiene el Levante. Ese dichoso levante que vuelve las cabecitas locas lo mismo que seca la ropa tendida al sol en las encaladas azoteas de mi tierra.

El mismo Levante que seca las humedades que deja el invierno seca tambien el ambiente hasta no dejarme respirar... Tendrá algo que ver mi sinusitis, digo yo.
Ese Levante, abanderado de mi tierra que pelea con el Poniente a ver quien gana la plaza deseada (por mi, que gane el Poniente).
Levante que derrenga los cuerpos hasta que el sol se cansa y se va a dormir, que es cuando las personas como yo, cuasi alérgicas al verano, salimos de nuestros sombreados escondites y tomamos la ciudad.

Qué alegría, pasear por mi ciudad al anochecer, a la fresquita, como decimos aquí, llegar hasta La Caleta siguiendo el olor de la mar, ver anochecer desde la balaustrada y luego regresar por esa Calle de la Palma, sin saber en que terraza sentarte para probar el mar convertido en caballita asá, en choquito frito, en bienmesabe, en morena adobá... Ese tinto de verano: ¡Niño, no me eches mucho hielo en el tinto, que me duele la garganta (dejate de excusas y llénalo)! Esa jarra de cerveza, estratégicamente mantenida en el congelador un ratito, ¡Que bien sabe! Misterios de la vida... la cerveza que me tomo en verano, en terraza, en jarra helada, en buena compañía y, requisito indispensable, a la fresquita de la tarde... ¡No emborracha! Ya te puedes beber las que te apetezca, fresco como una lechuga. Ahora, no se te ocurra seguir la noche con un cubata porque la cagas. Te perdiste. Cebollón asegurao. La calor es lo que tiene.

Para los más osados (Que son la mayoría) sigue la jornada playera, que aquí empieza a las 10 de la mañana, pa coger un buen sitito pa la mesa, las sillas, el par de sombrillas, las dos neveras (Una pa la bebida y otra pa lo demás), poner las toallas de formas que se pille una zona lo bastante extensa como para que no molesten los vecinos, el dominó, los dados y la lotería.

Después de dejar a la tropa en la escalera del paseo marítimo, el cabeza de familia o, en su defecto, el que lleva el coche, se dedica a buscar aparcamiento, librándose así de remolcar los bártulos hasta ese sitio que se ha elegido desde arriba (con una mano en la frente para taparse del sol y la otra en la cadera, pa equilibrar). Después de media hora buscando aparcamiento lo encuentra a tres quilómetros del punto de reunión, lo que implica paradita a medio camino para rehidratarse con una cervecita, la primera de una laaaarga lista.

Cuando llega a la orilla de la playa, a reunirse con la familia, ya está todo montado. Ahora cae el consiguiente chaparrón de quejas... que si hay que ver... que si de la que te has librado... que si qué listo eres...¿Y buscar aparcamiento no tiene mérito? vamos, hombre.

Llegado a este punto, queda una larga jornada llena de tintos de verano, cervezas, pies remojados en la orilla mirando de reojo a las niñas en bikini (es bueno para la circulación. Las niñas no, el agua fría).
A eso de las tres de la tarde y, despues de embotarse de líquidos, toca almorzar. Empiezan a salir tortillas de papa, pimientos aliñaos, filetes empanaos, papas aliñás, aceitunas, ensaladilla, papas fritas, la sandía de 10 kilos que algún valiente se ha atrevido a traer... vamos, pa un regimiento. La mitad siempre va de vuelta pa casa. Ahora, la bebida no, esa cae toda.

Después de comer, como hay que esperar la digestión, se monta la timba en una mesa situada entre las dos sombrillas, con cuidado de que no te de el sol en la espalda, que después cualquiera se acuesta boca arriba. A ver, dominó o dados. Hoy toca dominó. A parejas, que es mas divertido.
Ahora los que ganan tienen el deber de restregárselo a los que pierden, con el consiguiente mosqueo de éstos hasta que alguien dice ¡Al carajo, no juego mas! Y cachondeo general.

A todo esto, los niños comiendo arena, perdiéndose en la orilla, tirando cubos de agua por encima del abuelo que tan tranquilo lleva un buen rato al sol mirando pa la orilla (Ya sabemos), el abuelo cagándose en la madre que parió al niño, la madre que se mea de la risa, el más pequeñin que todavía no ha aprendido que el bañador no lleva dodotis y deja un "regalito", etc, etc.

Tan plácida jornada llega a su fín allá a las siete y media u ocho de la tarde, ahora toca recoger y llegar a la escalera otra vez, para lo que hay que recorrer unos cien metros de ardiente arena, con lo que se llega arriba con los pies escaldaos, más que la espalda. Encima no nos hemos comido la sandía y hay que llevarla de vuelta. Los más listos se apoderan de la nevera vacía (la de las bebidas, claro) y de alguna sillita. El conductor ha salido un cuarto de hora antes (qué listo, la próxima vez conduzco yo) para ir a por el coche, a medio camino, una paradita y un café con hielo. Los demás esperando arriba, con el culo lleno de arena, deseando llegar a casa para ducharse, lo que significa otra pelea por quién entra antes. Primero los niños, joer. Sesión de after-sun, vasito de horchata y descanso en el sofá hasta la hora de acostarse. A los diez minutos todos dormidos, con el pijama de verano puesto y los pelos todavía húmedos. La madre los mira y piensa... ¡angelitos!

Después vuelve a la cruda realidad y mira el fregadero lleno de fiembreras, vasos, platos, la nevera llena de arena, las toallas, los bañadores y piensa...¡me cago en la playa, me cago en el verano, en las vacaciones y en la calor!
Por supuesto, el padre se ha quedado abajo en el bar, porque están echando por la tele la final del trofeo y no se la va a perder... Luego subo, en cuanto termine el partido (Tiempo suficiente para que ya esté todo limpio y en su sitio).
Luego subirá cuando los niños ya estén acostados y con ganas de juerga, pa celebrar que su equipo ha ganado. ¡Pa juergas estoy yo! Anda, date la vuelta y hasta mañana, sieso.

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